La ciudad y los peatones

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Las ciudades más importantes del mundo llevan años apostando por la recuperación del espacio público para las personas. Frente al diseño donde prevalece el todopoderoso coche, se extiende una corriente que peatonaliza calles, avenidas y otros lugares. Grandes urbes como París, Nueva York o Buenos Aires son algunos ejemplos de toma de conciencia hacia ciudades más amigables con los peatones. Podemos imaginar la enorme dificultad con la que se encuentran sus regidores para salvar trazados urbanísticos históricos o ideados para los vehículos en pleno desarrollo y expansión migratoria. Por no hablar de los problemas medioambientales insostenibles que causan miles de muertes al año como consecuencia directa de la calidad del aire que respiramos.

En Tres Cantos, por el contrario, nos hallamos con la paradoja de ser una ciudad nueva, diseñada perfectamente en sus inicios para ser disfrutada por los peatones y con todas las posibilidades para convertirnos en modelo de ciudad sostenible y ejemplo para una vida de calidad sin coches. El llamado Tres Cantos consolidado es un gusto: amplias zonas peatonales entre sectores, plazas abiertas, aceras anchas o bulevares. Todo ideado y construido en los primeros años de vida de nuestro municipio, con gobiernos progresistas y socialistas.

En el año 2.000 entró el Partido Popular al gobierno del consistorio y comenzó un nuevo modelo con la aprobación del Plan General de Ordenación Urbana, que daba luz verde a lo que hoy conocemos como nuevo Tres Cantos. Un diseño para que los coches campen a sus anchas y los peatones disfruten de angostas aceras que comparten, en muchos de los casos, con el mal llamado carril bici. Por no hablar de las inexistentes plazas o espacios peatonales que puedan evadirte del ruido del numerosísimo tráfico de la zona y de la ciudad.

Son dos modelos tan diametralmente opuestos que a nadie se le escapa las enormes diferencias. Hemos pasado de ser una ciudad reconocible y alabada por los urbanistas más prestigiosos a una fisionomía mimetizada con tantas y tantas urbes de crecimiento desmesurado, imponiendo el ladrillo y el hormigón por todos los rincones para que el rey vehículo sea el protagonista absoluto.

Es obvio que el modelo de construcción no tiene vuelta atrás, lo construido, construido está; pero si es posible tener ideas imaginativas y una decisión inequívoca para apostar por peatonalizar calles y avenidas, fomentar los desplazamientos alternativos o cuidar de la salud de los tricantinos y tricantinas. En definitiva, querer que los ciudadanos sean los verdaderos protagonistas de la ciudad.

Vicente López

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