Charlamos con Michelle y Miguel, responsables de la casa, sobre sus actividades, retos de cara a futuro y formas en las que ha cambiado la manera de relacionarse con el territorio y entender la función social de las asociaciones regionales

A pocas horas para que comiencen las jornadas gastronómicas y con el 12 de octubre a la vuelta de la esquina, las primeras actividades de las que nos hablan Michelle y Miguel, de la Casa de Aragón en Tres Cantos, antes siquiera de comenzar la entrevista, son obvias: sus actuaciones en las jornadas y la misa del Pilar. Y es que ese, mantener viva la cultura y el folclore de Aragón, difundirla entre propios y extraños, es el objetivo por el que trabajan las cincuenta familias, de nuestra ciudad y de otros pueblos del entorno, que componen la Casa de Aragón en Tres Cantos, una de las tres que existen en la región, junto a la de la capital y la de Alcalá de Henares. «Mantenemos muy buenas relaciones con ellas», nos cuentan, ya sentados, al inicio de la entrevista. De hecho, todos los años, las tres casas se reúnen en un encuentro conjunto para celebrar el día del patrón de Aragón, San Jorge.

Con veintiocho años de historia en nuestro municipio, Michelle y Miguel admiten que no son una casa grande, y nos explican cómo la emigración aragonesa se dirigió, principalmente, hacia su capital, Zaragoza, y otros grandes centros productivos, como Barcelona y País Vasco, no tanto hacia Madrid. «Antes, las casas regionales eran una forma de unir a los aragoneses que estaban fuera de su tierra, de recuperar sus raíces, pero ya no funcionan como hace setenta u ochenta años», reflexionan nuestros entrevistados, para quienes es obvio que «la sociedad ha cambiado, antes la solidaridad estaba de moda, pero ahora se fomenta mucho más el individualismo».

En este contexto, surge una pregunta: ¿cómo adaptarse a los nuevos tiempos? «Hay diversidad de opiniones», reconocen. Por ejemplo, si la jota tiene o no que evolucionar, y el modo en que debería hacerlo, es un asunto espinoso. La renovación del folclore podría traducirse, nos cuentan, en bailar con vaqueros o no sólo cantar jotas a la Virgen del Pilar. Aun con todo, lo cierto es que en Aragón el folclore se mantiene muy vivo, y pese a la despoblación que asola sus municipios, grupos folclóricos como el de la Casa de Alcalá de Henares amenizan el estío en una infinidad de pueblos: «Todos los veranos hay jota», sentencian categóricos. También aquí, en Tres Cantos, tienen grupos de baile y canto que se encargan de transmitir la cultura aragonesa en unos eventos que, nos cuentan, gustan mucho, con llenos absolutos en el teatro.

Les preguntamos ahora por los jóvenes, tradicionalmente una de las grandes preocupaciones entre el asociacionismo. Michelle y Miguel nos sorprenden hablándonos de la juventud de los profesores de sus escuelas (una de ellas apenas supera la veintena), pero coinciden en señalar la dificultad de atraer a las nuevas generaciones y, sobre todo, retenerlas, lograr que se involucren en la casa a largo plazo. Pero el principal problema de la asociación es el económico: antes, exposiciones del gobierno autonómico o de las diputaciones provinciales venían gratis; ahora hay que pagar los gastos y las ayudas se reducen. Así pues, los retos de la Casa de Aragón en Tres Cantos parecen claros: mantener el número de socios e incluso aumentarlos, llegar a los jóvenes e incrementar sus actividades si la economía lo permite. Y nos hablan de otro objetivo que, a primera vista, podría pasar desapercibido: conseguir más hombres para sus grupos folclóricos. «Es algo general», nos cuentan, «cuesta que den ese paso».

¿Y cuáles son sus actividades? Villancicos por Navidad, las jornadas gastronómicas, el carnaval, la cabalgata, la edición de una revista on-line, el festival de fin de curso, las celebraciones del Pilar, San Jorge y San Valero, presentaciones de libros, exposiciones centradas en la etnografía y la antropología… Les gustaría traer más grupos de referencia en el mundo de la cultura aragonesa, pero pagar todos sus gastos, señalan, «es un desembolso muchas veces inasumible para una casa como la nuestra; para un ayuntamiento, en cambio, no lo sería». Y recuerdan que «en Tres Cantos gusta mucho el folclore aragonés, siempre se acerca alguien en los eventos y se interesa por nosotros».

Vamos terminando la entrevista, y lo hacemos recordando lo mucho que han cambiado las cosas desde que aquel grupo de aragoneses creara su propia casa en la ciudad. El teletrabajo y la Alta Velocidad se han revelado como oportunidades para romper la tendencia de despoblación en la región, pero, a la vez, han implicado una nueva forma de relacionarse con el territorio y, también, de entender el papel de las casas regionales en este mundo cambiante en el que, aun con todo, la meta parece clara: mantener las raíces.

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