José Javier de la Rosa, presidente del Club de Rugby de Tres Cantos, nos recibe una calurosa tarde de julio en su sede social, que también es un bar, un espacio para eventos y, sobre todo, un lugar de encuentro para todos los aficionados: «No nos quedamos en lo deportivo, queremos una vida en común», nos cuenta.

Cómo surgió el club. El origen

«Con una barra de bar y una cerveza», contesta José Javier entre risas cuando le preguntamos por el origen del club, que este 2024 cumple un cuarto de siglo. Un año antes del advenimiento del nuevo milenio, la asociación comenzó a andar gracias a dos personas que, poco a poco, fueron movilizando a muchas otras. Algunas ya eran aficionadas, pero otras tantas comenzaron a interesarse por el rugby a raíz de la fundación del club, que a lo largo de estos veinticinco años ha demostrado su «vocación de permanencia».

Hitos del pasado y retos de futuro
Sin duda, entre los principales hitos que ahora, en el aniversario, destacan sobre todos los demás, hay que mencionar las fusiones con dos clubes universitarios, así como la creación, hace un lustro, de Rugby Unión Norte (RUN), uno de los proyectos de los que más orgullo se siente José Javier.  RUN, de la que ahora forman parte, además del club tricantino, el de Moralzarzal y Colmenar Viejo, surgió con la idea de fomentar el trabajo de escuela y compartir una misma filosofía: la de formar y acompañar a los chavales desde el primer momento hasta las categorías senior. Los tres clubes visten de la misma forma y las fichas de cada uno de ellos también pertenecen al resto, sumando, hoy en día, cerca de 300, y no descartan en el medio plazo acabar fusionándose. «Las franquicias – nos cuenta – son algo muy habitual en el mundo del rugby: varios clubes se agrupan bajo una misma marca», aunque José Javier nos insiste en que la principal aspiración del club es la educativa: «No hay un afán de competir, sino de formar», y esto, nos confiesa, no siempre es fácil.

Si preguntamos por un reto de futuro, la respuesta parece estar igual de clara: «Otros 25 años». Pero José Javier, más allá de la eventual fusión, nos habla de la necesidad de consolidar todas las categorías, con especial atención al rugby femenino. Antes de la pandemia, nos cuenta, el club disponía de un equipo de mujeres, y se propone como reto recuperarlo de cara al futuro.

La labor del club

Incontables son las actividades que a lo largo de este cuarto de siglo ha llevado a cabo el Club de Rugby de Tres Cantos. El veinticinco aniversario se ha celebrado con una exposición y próximamente, nos cuenta, presentarán un libro sobre la historia del club. «Con eso y un abrazo, daremos por finalizados nuestros primeros veinticinco años», ríe. Pero han sido muchas las iniciativas que, hasta llegar aquí, ha puesto en marcha el club: clases temáticas en todos los colegios e institutos de la localidad en distintos tramos de edad, ambiciosos torneos con más de un millar de niños o «días de amigo» con cursos gratuitos y pizza para difundir el deporte y su labor entre los conocidos de los socios son sólo algunas de ellas.

La difusión de un deporte «colectivo»

«¿Cómo se da a conocer un deporte como el rugby?», le preguntamos. «Lo que mejor funciona es el boca a boca, aunque el rugby es muy de sagas familiares. Además, acepta casi cualquier físico», nos cuenta mientras apura su bebida y rememora a antiguos jugadores del club. Y es que el rugby es un deporte agradecido que acoge a personas que eran marginadas en otras disciplinas físicas. José Javier nos cuenta que están muy acostumbrados a gente sin experiencia, que se acerca a ellos incluso por casualidad y que desean jugar y pasar un buen rato. «Es muy difícil que haya estrellas. Es un deporte colectivo en el que, si tú tienes el balón, es porque otro lo ha conseguido antes para ti», además de que todos los puestos son importantes, sean más o menos vistosos.

La filosofía del rugby

En vista de todo lo anterior, no es difícil imaginar qué valor destaca por encima de cualquier otro en el rugby: «El respeto», nos contesta José Javier sin pensar. Nos habla de la deportividad con la que se asumen las decisiones arbitrales y de ciertas discusiones a las que tan habituados estamos en otros deportes más populares y que aquí resultan sencillamente inimaginables. También nos explica en qué consiste el sugerente «tercer tiempo» y cómo los modales en el rugby contrastan con su aparente rudeza. El que ambos equipos se hagan sendos pasillos o que después del partido uno de ellos invite a comer al rival son sólo dos ejemplos de cuán intrínseco resulta el respeto al rugby. Su nueva sede, lejos de tener un objetivo económico, busca convertirse en el escenario de la vida social del club: «Uno no entrena y desparece. Somos una gran familia».

Mirando más allá

José Javier nos explica que se han producido cambios recientes en la Federación y que el rugby español está «un poco lejos de los grandes, pero por encima de los medianos». A nivel nacional, Madrid se encuentra, junto con Castilla y León, en la posición más competitiva y, en algunas categorías, los equipos femeninos superan a los masculinos. José Javier pronostica «un avance a nivel internacional en los próximos años», y, como no puede ser de otra forma en un club con un cuarto de siglo de historia, concluye: «Tenemos futuro».

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