Entrevistamos a los responsables de la asociación tricantina, que lleva desde 1992 ayudando a las personas con discapacidad y sus entornos.

Gregorio, el presidente de la asociación, y Marta, la responsable técnica, nos reciben en una pequeña sala de su sede, situada en la calle del Comercio. La primera comparación es evidente: cuánto han cambiado las cosas desde que en los inicios de AMI3, allá por los años noventa, organizasen sus actividades en un barracón que incluso llegó a inundarse. Por aquel entonces, sólo contaban con medio trabajador, bromea Gregorio (tenían a una persona, pero ni tan siquiera a jornada completa), todos sus miembros eran de Tres Cantos y la labor de la asociación se centraba casi exclusivamente en el ocio. Hoy, más de tres décadas después de su fundación y de haber contribuido a crear, nos confiesan entre risas, al menos cinco parejas entre los trabajadores, cuentan con una plantilla de en torno a 34 profesionales (a los que hay que sumar 70 voluntarios), reciben a personas de varias ciudades de Madrid y han diversificado su actividad hasta el punto de contar, incluso, con una vivienda comunitaria (las antiguamente llamadas «tuteladas»). «Somos una asociación pequeña, pero muy vanguardista», nos introduce Gregorio antes de empezar a contarnos los muchos proyectos que tienen entre manos: «No damos abasto», ríe. Marta comparte su opinión: «Hacemos muchas cosas para lo pequeños que somos. AMI3 es como una casa bonita a la que, poco a poco, se le van añadiendo trozos. Al final, hay que ordenar a nivel arquitectónico», remata la metáfora.
Los dos nos hablan de lo importante que es el ocio para las personas con discapacidad y acerca de cómo éste fue el enfoque que motivó el origen de la asociación. «Buscamos para ellos el mismo ocio que podéis disfrutar vosotros con vuestros colegas», nos resume gráficamente Marta. Sin embargo, poco a poco surgieron nuevas inquietudes y AMI3 fue creciendo en tamaño y proyectos. Bajo el paraguas de Plena Inclusión – la federación de asociaciones de personas con discapacidad, que en Madrid superan el centenar –, sus responsables nos hablan del centro ocupacional que gestionan y que cuenta con un total de 40 plazas, adjudicadas por la Comunidad de Madrid. El espacio que ocupa el centro y en el que hacemos la entrevista pertenece al antiguo IVIMA, que lo tiene arrendado al ayuntamiento por un plazo de 30 años. Las negociaciones para instalar allí el centro y la sede de la asociación comenzaron con Pedro Uruñuela de alcalde, pero, después de unos comienzos prometedores, entraron en barrena por el cambio de gobierno, si bien es cierto que, finalmente, consiguieron llegar a buen puerto, en parte gracias al apoyo de Gema Jiménez, concejal. Allí AMI3 lleva a cabo actividades personalizadas que persiguen el desarrollo de las personas con discapacidad en ámbitos tales como el laboral o el ocupacional, haciendo hincapié en metodologías de aprendizaje – servicio hacia la comunidad. Además, recientemente les ha sido concedida la categoría de Centro de Atención Temprana y Tratamiento, por lo que podrán extender sus actuaciones a niños de hasta seis años.
Gregorio y Marta enfatizan la necesidad de trabajar «sin sesgos», al margen de las necesidades de apoyo de cada una de las personas, e integrar en los programas a todo el mundo, también a las que requieran un mayor nivel de atención. Siempre con la vista puesta en contribuir a la autonomía de las personas discapacitadas, uno de los proyectos estrella de AMI3 es la vivienda comunitaria, también en Tres Cantos y en el que viven de forma permanente cinco residentes. Lejos de ser un lugar de estancia temporal, se ha convertido en su «hogar definitivo», lo que hace imprescindible acompañarlos en el a veces complicado proceso de envejecimiento. Igualmente, desde hace unos años, la asociación dispone de un segundo piso, una «vivienda de entrenamiento» donde probar experiencias de vida independiente durante unas semanas en las que, por supuesto, la toma de decisiones resulta imprescindible. Aprender a organizarse, a gestionar sus recursos y a solventar conflictos son los principales retos que se abordan en la vivienda, siempre en consonancia con los tres puntos fundamentales que, a juicio de Marta, deben orientar la labor de AMI3: lograr la autodeterminación de las personas con discapacidad para que puedan decidir por qué modelo de vida optar gozando de todos los apoyos necesarios para ello, el ejercicio de la plena ciudadanía con los mismos derechos que el resto y el enfoque hacia la comunidad en la que deben integrarse. De esto último es un buen ejemplo la participación de la asociación en eventos del municipio, como el carnaval, la fiestas patronales (son los únicos que siguen autogestionando su caseta) o la cabalgata de Reyes.

La entrevista va tocando a su fin, pero Gregorio aún quiere destacar otras iniciativas de AMI3: las pandillas de ocio que, entroncando con el origen de la asociación, organizan actividades lúdicas (en la actualidad son 5), y el programa Respiro (creado por el ayuntamiento y ejecutado por AMI3 mediante contrato), destinado a que los familiares de personas con grandes necesidades de apoyo puedan tener unas horas de asueto semanales y en los que echan una mano algunos de los miembros de la asociación. Su presidente hace hincapié en una última cosa: el carácter voluntario de los miembros de la junta y la rigurosidad militar con la que sus trabajadores cobran todos los meses. Ya en una charla más distendida, tanto él como Marta rematan: «Al margen de las necesidades específicas de cada persona con discapacidad, todos pueden vivir autónomamente si disponen del apoyo suficiente».