Secretario de Empleo de Juventudes Socialistas de España
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Secretario de Empleo de Juventudes Socialistas de España

Una vez más, como ocurre cada comienzo de mes, se publican los datos de desempleo en nuestro país y decenas de análisis apresurados valoran y ponderan cada cifra, cada dato, cada estadística que ofrece el Ministerio de Empleo. En esta ocasión, los resultados de agosto son malos; aumenta el paro en 8.070 personas y cae la afiliación a la Seguridad Social en 97.582. Actualmente hay más de 4.400.000 parados en nuestro país, y más de la mitad de los jóvenes no encuentra trabajo. Aunque parezca extraño en un artículo que trata sobre empleo, vamos a dejar aquí las cifras para intentar que tanto árbol no nos impida ver el bosque.

Estaremos de acuerdo en que el mercado laboral español arrastra un problema desde hace años, cosa distinta es definir acertadamente en qué consiste. Desde mi punto de vista, gran parte del problema (aunque no únicamente) radicaría en el modelo productivo en el cual está basada nuestra economía, y por lo tanto, en el que se desarrolla nuestro mercado de trabajo. El modelo de la famosa “economía del ladrillo” que se potenció hasta el infinito con los Gobiernos de Aznar y que generó la ya consabida burbuja inmobiliaria que, a día de hoy, continuamos pagando. Aquella burbuja que nadie se atrevió a desinflar y que terminó por reventarnos en la cara con el comienzo de la crisis. Esa misma burbuja que dejó aproximadamente 1.500.000 de trabajadores relacionados con la construcción en el paro y sin ninguna formación.

No es una tarea menor definir correctamente el problema porque de otro modo no podremos encontrar la solución. Siendo benévolos, es posible que este sea el error que ha cometido el Gobierno de Mariano Rajoy durante los últimos años. Y digo benévolos porque la alternativa, como sugieren otras voces, es el error premeditado para favorecer intereses particulares anteponiéndolos al bien colectivo. Yo prefiero suponer inutilidad a malicia, pecaré de ingenuo.

Sea como sea, diagnosticar como solución el abaratamiento del despido o la “flexibilidad laboral”, eufemismo que suelen utilizar, ha provocado un aumento evidente del desempleo a corto y medio plazo, además de una inseguridad laboral manifiesta. Por otro lado, la Ministra de Empleo, Fátima Báñez, ha puesto especial hincapié en reforzar la figura del trabajador por cuenta propia, o como a ella le gusta decir, el emprendedor. Se han ofrecido ayudas para incentivar a que los parados, con los pocos ahorros que tenían, se animaran a invertir en un negocio propio y dejaran así de recibir la prestación por desempleo.

Y yo me pregunto… ¿Qué tipo de negocio puede emprender, por ejemplo, el millón y medio de personas que dependían de la construcción y que no tienen ninguna formación?

Más allá de la opinión que cada uno podamos tener, los hechos hablan por sí solos; la reforma laboral del PP, junto con la situación económica nacional y mundial, ha hecho que el paro aumente considerablemente, que los trabajadores estén mucho más desprotegidos y privados de derechos, y que cientos de miles de jóvenes hayan tenido que emigrar para encontrar un empleo.

Decía Albert Einstein que “en los momentos de crisis solo la imaginación es más importante que el conocimiento”. Esto es lo que me gustaría proponer para terminar este artículo: seamos imaginativos.

Dejemos de aplicar recetas fallidas una y otra vez a los mismos problemas esperando que produzcan resultados distintos. Dejemos de atacar a los trabajadores y pidamos mayor esfuerzo a los empresarios que puedan permitírselo, no podemos consentir que tantas empresas consigan beneficios record año tras año mientras anuncian despidos de cientos de trabajadores. Seamos lo suficientemente valientes para intentar cambiar nuestro modelo productivo, añadamos valor a nuestras empresas y a los procesos productivos, invirtamos en I+D+i, en formación y en educación. Exijamos el cumplimiento estricto del horario laboral en las empresas para que no se explote a los trabajadores y haya más contrataciones… Las posibilidades son infinitas, países como Suecia están implantando una jornada laboral de 6 horas sin reducción de salario para mejorar la eficiencia y aumentar las contrataciones, mientras en España hay jornadas laborales encubiertas de 12 horas, sueldos míseros y empresarios cada vez más ricos a costa del empobrecimiento y la explotación de sus empleados. Esta es la realidad de nuestro país, y no querer verlo no va a hacer que desaparezca.

Y lo peor de todo es que si no hacemos algo, a la gente no le queda otra opción que transigir, que ceder ante el poder de los empresarios y los mercados. Con 1 de cada 4 trabajadores en el paro y la migración de españoles al extranjero en niveles propios de otras épocas, se empiezan a ver como normales condiciones laborales tremendamente precarias, sueldos indignos y horarios abusivos, y terminamos por olvidar que el trabajo es un derecho y no un privilegio. Porque no todo vale, y porque tenemos que rebelarnos para no tener que escuchar más aquello de “pero… al menos tienes trabajo”.

José Antonio Arias

Secretario de Empleo de Juventudes Socialistas de España