Me siento triste e indignada. La pasada semana yendo por la calle me paró una señora, de manera muy prudente me dijo que tenía problemas económicos en su casa, ella y su marido estaban en paro y en estos momentos les resultaba difícil hacer frente a los gastos de la electricidad y del gas porque tenían otros que eran más necesarios. Me sentí triste, era una situación real, en nuestra ciudad a pesar de las apariencias hay problemas serios. Estuvimos charlando y en un momento me preguntó, ¿dónde debería de ir para que la ayudaran, si a las iglesias o a Cruz Roja, porque se lo había comentado un conocido?. Me quedé sorprendida y algo perpleja; y le indiqué que debía acudir a los Servicios Sociales del Ayuntamiento, que tenía derecho… y seguimos hablando. Fue una conversación muy interesante y real.

Después, cuando seguí andando y recordaba la pregunta pasé de la perplejidad a la indignación. Estamos en una situación tan distorsionada que no se reclaman derechos, se solicita caridad. Por supuesto que no es culpa de las personas que están sufriendo momentos tan duros, sólo quieren poder seguir adelante. La responsabilidad es, especialmente, de las administraciones y de algunos medios de comunicación que transmiten esa visión. Nos quieren hacer creer que las posibilidades de los poderes públicos son tan escasas que la mejor forma de seguir adelante es a través de la caridad.

La pobreza en este país existe, todos lo sabemos, pero también la manipulación que nos lleva a la frustración, al miedo, al sometimiento y al agradecimiento por recibir lo que nos corresponde. La Constitución en su articulo 39.1 recoge: “Los poderes públicos aseguran la protección social, económica y jurídica de la familia”. Todos los ciudadanos contribuimos con el país y cuando las situaciones personales son difíciles el país ha de contribuir con los ciudadanos. Pero debemos de interiorizarlo, no solicitamos caridad reclamamos lo que nos corresponde. 

Las administraciones públicas somos las responsables, hemos de dar respuestas, y no debemos trasladar esa responsabilidad a las iglesias, las entidades benéficas, las ONGs, etc., que pueden ser los instrumentos de manera voluntaria para actuar en la recogida de alimentos, de ropa, pero no deben gestionar el dinero público para suplantar a las administraciones.

Por ejemplo en Tres Cantos, ¿por qué el gobierno local subvenciona a las dos iglesias católicas de la ciudad para que gestionen pagos de recibos y ayudas económicas de emergencia para los vecinos con necesidades?. ¿Por qué los vecinos tienen que ir a las iglesias a solicitar caridad?. ¿Por qué las iglesias tienen que conocer los datos y las circunstancias personales de los vecinos?. 

Basta ya. No caigamos en la trampa, son nuestros derechos, no caridad.

 Lydia Martínez Mora

Portavoz del Grupo Municipal

Socialista de Tres Cantos

Publicado en el boletín tricantino el 10 de febrero de 2014